La parábola del buen samaritano narra la historia de un hombre malherido en un violento asalto. En la escena irán desfilando diferentes personajes que en su respuesta manifiestan la calidad de su corazón.
El último que se menciona es un samaritano, alguien que no entiende de leyes, ni es considerado ejemplar en ningún sentido. Es alguien que seguramente jamás se había planteado qué había que hacer para heredar la vida eterna pero que fue capaz de ver las necesidades del hombre herido: llegó a donde él estaba, lo vio, sintió lástima, se acercó, le vendó las heridas, lo montó en su cabalgadura, lo llevó a una posada, lo cuidó, pagó los gastos... Aquel samaritano fue para el hombre herido, PRÓJIMO.
Ser prójimo significa no voltear la mirada ante el dolor de quien sufre, sea quien sea –en la pobreza, la enfermedad, la marginación, el exilio, la ignorancia, la injusticia, el abandono…– y actuar decididamente para responderle.
Al final de esta parábola Jesús añadió: Anda y haz tú lo mismo.
Parábola que da sentido a nuestro logo.



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